Mística en el Bernabéu

Existe. La he visto. Doy fe. Resurrección de los muertos. Fe de los vivos. Comunión. Poder.

Todo ello, que existe siempre, se manifiesta tan solo un puñado de noches, no todos los años, pero cuando se hace presente la gente acaba viviendo un éxtasis, abrazando a desconocidos con el que se comparte el mismo misterio: el madridismo.

No hablo de madridistas de viento a favor, de camiseta-souvenir de a 120 pavos para lucir con los amigos; de madridistas de estar por casa sin haber derramado jamás una sola lágrima de rabia inmerecida, de pena inexplicable. Hablo del madridismo mamado no se sabe por qué desde la cuna y que alguien nos transmitió -un padre, un abuelo, un hermano…- porque él también fue partícipe de una noche de aquelarre blanco y quedó impregnado para siempre, incluso para los momentos más oscuros y negros como el que nuestro equipo vive esta temporada en el campeonato doméstico. Tal vez vieron a Di Stefano o a Pirri. Tal vez fue la noche del Anderletch, las del Inter o la del Borussia Moenchengladbach, con Juanito saliendo del campo poseído por el triunfo. Alguna más reciente contra el Bayern o el Atlético. Da igual, los jugadores y aficionados pasan, la mística permanece. Es la misma.

No es la primera vez que lo vemos ante nuestros ojos, sin necesidad de que nos lo cuenten. La Séptima, La Octava y La Novena se ganaron en años en los que el día a día hacía no apostar un duro por la camiseta blanca, y, sin embargo, en el campeonato más grande, en el que los argumentos competitivos superan a los meramente futbolísticos, el Real Madrid se alzó con La Orejona, mientras unos y otros, rivales todos dejados en la cuneta, la observan desde lejos sin explicarse a penas cómo fue posible que aquella banda desafinada de los domingos se creciese como un titán sobre el verde de las noches europeas.

Eso sucedió el pasado miércoles. La resurrección de unos jugadores que daban síntomas de muertos; la fe de una afición que creía sin ver. Pero creía, entregada desde horas antes y sin un solo reproche, más bien todo lo contrario, al propósito de que esos chicos sacaran aquello adelante como fuera; Comunión, entre las 85.000 almas blancas que hubiesen dado un brazo durante un rato para poder jugar y echar una mano allí abajo, y los jugadores, que por 90 minutos se bajan de su olimpo de vida para hacerse partícipes del sufrimiento de los hinchas de sus colores. Y Poder. El de los dioses de este mundo, ocultos, semiescondidos, y que en momentos grises de la vida aparecen para dejar las cosas en orden con la fugacidad y contundencia de un relámpago, que suena como un trueno, ilumina el escenario hasta hacerlo deslumbrante y aturde a los no creyentes, a los rivales, para dejarles noqueados. 

Esto sucede, un puñado de noches, no todos los años, en las citas europeas del Bernabéu. Y sucedió el pasado miércoles, cuando visitaba nuestra casa el icono perfecto para película de Hollywood de pretendiente alto, guapo, fuerte y arrogante que, sin haberse acercado jamás ni a una doceava parte de nuestra gloria, se atreve a mirarnos a los ojos como si ya nos hubiese amarrado sus pies. Sí, el PSG lo tenía casi todo. El mejor presupuesto. Los mejores fichajes. La prensa (española) a favor. El ansia de revancha por el atraco del año pasado. Pero no contaba con una cosa: que no peleaba con un equipo, sino contra una mística : la del estadio Bernabéu en noches de Copa de Europa.

Sí. Hay mística. Mística deportiva, si lo prefieren, pero la hay. Existe. La he visto. Doy fe. Solo la puedes encontrar en el Real Madrid.

¿Quien ha quedado retratado en el móvil de Cristiano?

img_jmiserachs_20180122-134149_imagenes_md_terceros_espejo-k8gH-U44215587737bxF-980x554@MundoDeportivo-Web“Un futbolista es herido en la cara marcando un gol”. Así, como titular y sin nombres propios, tiene mucha fuerza. Anuncia la épica historia de un partido de tercera, jugado en los viejos campos de tierra, en el que un delantero amateur, oficinista de profesión, mecánico o maestro del colegio tal vez, se parte la cara en la búsqueda de un gol por el simple hecho de marcarlo, ya que el partido está resuelto desde hace cerca de media hora. Es toda una oda al fútbol. Monumental.

Pongamos nombre propio al mismo titular: “Cristiano es herido en la cara marcando un gol”. La épica del amateurismo queda eclipsada por lo mediático del mejor jugador del mundo. Pero el gol es tan heróico como el primero. Engrandece al fútbol tanto como el anterior. Sin embargo…

El futbolista amateur goza de la falsa condescendencia que los popes del periodismo otorgan a los que ellos consideran “inferiores”, mientras que se revuelven en sus redacciones entre estertores de envidia ante alguien que les enseña el espejo de su miseria un día tras otro, con trabajo, con esfuerzo, con goles, con títulos colectivos e individuales. No soportan a Cristiano y Cristiano a su vez se les hace cada vez más insoportable. Cuanto más han cuestionado sus aptitudes futbolísticas, más en evidencia ha dejado él las suyas periodísticas. Cuanto más han intentado denostar la opinión de profesionales del fútbol, aficionados del fútbol, periodistas del fútbol y entrenadores del fútbol, en los diferentes formatos de los galardones otorgados, más denostadas han quedado sus columnas e informaciones “anticristianas”.

El problema con Cristiano no ha sido que se mirara en el móvil la brecha abierta junto al ojo. Eso les da igual. Eso ha sido el arma arrojadiza. El problema con Cristiano son dos: Uno, que sin su ayuda ni permiso es el mejor. Y la otra, que juega en el Real Madrid.

Quienes han quedado retratados ante el móvil de Cristano no ha sido el portugués, mejor futbolista de la Tierra, sino esa gentucilla que usa lo que sea con tal de no reconocer su miseria.

Y sí, un futbolista, nacido en una humilde barriada portuguesa, fue herido en la cara marcando un gol.

Jesús García-Colomer

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Cristiano dinamita los concordatos de lo futbolísticamente correcto

El establishment de lo futbolísticamente correcto había decretado que el mejor futbolista que ha habido, que hay y que habrá, fue, es y será Leo Messi, por los siglos de los siglos. Pero al stablishmente le ha salido un duro competidor que ha dinamitado los concordatos de lo correcto, que se ha pasado por el su montera la milonga del estilo a cambio de la verdad del gol y la de la la alta competición; esa misma verdad que le dio a un ciclista llamado Mercks el apodo de El Canibal, y les ha obligado a ceder en su favor ante la abrumadora evidencia de su superioridad.

Sin embargo, de nada le sirve a los Tattaglia ni a los Viccini que haya habido tanta unanimidad entre tantos estamentos diferentes, integrados por expertos, profesionales y aficionados, en elegir a Cristiano Ronaldo como mejor futbolista del año 2016, es decir, de hoy en día. Su elección está siendo abusiva en comparación con el que los feligreses del stablishment se empeñan siempre en compararle, uno que, a mi juicio, este año 2016 no hubiese estado ni el podio de los tres mejores.

Que Cristiano Ronaldo ha sido el mejor y más decisivo futbolista de esta año, que se lo pregunten a la todopoderosa Portugal de Cedric, Fonte, Guerrero, Renato, Carvalho y Joao Mario. Que no jugó la final, dicen. Sus dos goles ante Hungría en la primera fase rescataron a su equipo de la eliminación. Su actuación en la semifinal fue decisiva, y apurando más aún, Cristiano Ronaldo fue más decisivo desde la banda en el partido de la final, que otros jugadores en el campo en algunas otras finales en las que pudieron ser decisivos para bien, y lo fueron para mal, fallando ocasiones y errando penaltis. Cristiano, el suyo de la tanda de Milán, lo metió. Messi, el suyo de la tanda de la Copa América, no. Y eso cuenta.

Si me dan elegir entre el que quedó segundo en el Balón de Oro y Luis Suárez, que fue cuarto, me quedo de cabeza con el cuarto. Sin la brutalidad goleadora de Suárez, el punto de ventaja que el Barcelona sacó al Madrid en el título de Liga hubiese sido, por seguro, de desventaja aún mayor. Si en vez de Suárez hubiese estado un Alexis, un Alcácer e incluso, un Benzemá, los regates de Messi no hubiesen llegado a campeonato. Y he aquí una de las ilusiones inventadas por el stablishment, que ha decidido que el gol no es la suerte máxima del fútbol como la estocada lo es en los toros, sino que hay que encontrarla en los pases, las revoleras, las verónicas y los pares de banderillas. Pues para vosotros ese fútbol de juguete.

Para terminar, no se si Griezman fue mejor que Messi, lo que sí se es que mejor futbolista que Messi y que Griezmann el año pasado fue Riyad Mahred. ¿Habéis visto algún partido de este chico en la Premier del año pasado? Parecía una mezcla eléctrica de Robben en sus interiores y de el mejor Overmars en sus galopadas por la cal. Con la cabeza siempre alta, eligiendo la mejor opción, sutileza en las asistencias y violencia precisa en los chuts a puerta. Como tantas veces hace Messí, pero siendo campeón no con compañeros como Neymar, Suárez, Agüero o Di María, sino con Vardy, Okazaki, Kantè y ese jamaicano con nombre de pirata llamado Wes Morgan.

Ese hubiese sido mi podio del pasado año 2016: Cristiano, Suárez y Mahrez. Pero si ya de por sí es un hito de la rebelión contra los poderes establecidos el hecho de que Cristiano haya ganado el premio, osar dejar fuera a la deidad electa del balón hubiese sido invocar el apocalipsis del periodismo, del fútbol y del deporte mismo. Demasiado ha hecho Mahrez con ganar una Premier para el todopoderoso Leicester de Ranieri.

No pueden con Cristiano Ronaldo

Están que trinan. No lo soportan. Y, lo peor de todo, es que la avalancha de premios sobre sus musculados lomos, continúa.

Mejor jugador del mundo para los periodistas acreditados de France Football, es decir, el Balón de Oro. Sí, ese al que Luis Enrique tacha de Melón de Oro, y que otrora fuera concedido a futbolistas de su tiempo como Van Basten, Weah o Ronaldo.

Mejor Jugador de la UEFA, para la UEFA.

Mejor jugador del mundo para la revista World Soccer, premio que concede la revista británica del mismo nombre desde que, en 1982, recayera en un tal Paolo Rossi, y que más tarde pasó por las manos de Zico, Maradona, Platini, Matthaus o Maldini sin que nadie faltara al respeto dudando de su talento, calidad y superioridad. Ojo, porque el 50% de estos votos los emiten los lectores de la revista, es decir, aficionados de toda Europa, y el otro 50% es responsabilidad de un jurado elegido por la revista entre periodistas y colaboradores suyos, que suelen ser exjugadores y entrenadores.

Mejor Jugador del mundo para FourFourTwo, magazine especializado en fútbol que se edita desde Londres en diez idiomas diferentes.

Hoy, los periodistas deportivos no solo especializados en fútbol, de las 27 agencias de noticias más importantes de Europa, han decidido que el mejor deportistas del año, sea Cristiano Ronaldo. En 59 años de entrega del prestigioso premio, es la primera vez que recae en un futbolista, destacando su competitividad, calidad, talento y espíritu de equipo.

Esta misma noche, CR7 ha sido galardonado con el Globe Soccer en Dubai. Este premio lo otorgan a medias entre la Asociación Europea de Agentes de Jugadores (EFAA) y la Asociación Europea de Clubes (ECA).

Así que una gran mayoría de los periodistas de Europa especializados en fútbol; otra de los periodistas de Europa especializados en otros deportes; otra gran mayoría de los lectores aficionados al fútbol de una revista británica, con ediciones en Alemania, Francia e Italia, por poner tres ejemplos futboleros; más lectores de otra revista junto con exjugadores y entrenadores y más periodistas; más la mayoría de los agentes de jugadores y más la mayoría de los representantes de los clubes europeos asociados, han elegido como mejor futbolista del mundo a un tipo que, en realidad, es atleta, modelo y se dedica a vender calzoncillos.

Debe ser muy frustrante saber que, además, el próximo 9 de enero será elegido por la FIFA como The Best Player Of The World 2016.

A estos premios, todos ellos individuales, hay que añadir los logros conseguidos por este mismo atleta vendedor de calzoncillos de Portugal, en compañía de sus equipos: una Copa de Europa de la que fue máximo artillero y una Eurocopa… ¡con la todopoderosa Portugal…! Lo de la Supercopa y el Mundial de Clubes lo tengo menos en cuenta, aunque también le pertenecen.

Debe ser frustrante ver a tanta gente tan de acuerdo. No lo soportan. No soportan que un “intruso” en “su” concepción de un deporte como el fútbol, posiblemente el más amplio y transversal de todos los deportes, el más democrático y mas universal de los deportes, le discuta y le robe a su dios electo el trono de la divinidad del balón. Porque al fútbol, que es el deporte en el que menos condicionan las condiciones físicas y más se premia al talento, la inteligencia, la visión del juego, la anticipación, la eficacia y la competitividad, hay uno mejor que todos los demás: Cristiano Ronaldo.

En el fútbol, al contrario que en otros deportes, puede triunfar el alto y el bajo sin que la altura sea un condicionante. El más rápido no es el que gana siempre, y un jugador pausado, puede ser el mejor del mundo en su puesto. En fútbol, no siempre gana el más fuerte, como tampoco pierde siempre el que lo es menos. En el fútbol, al final, el que gana no es el más alto, ni el mas fuerte, ni el más veloz, ni el más ágil. En el fútbol, el que gana, es sencillamente, el mejor futbolista que hay. Y no pueden con ello. Y lo peor de todo, es que les queda bicho para rato. Mi apuesta es que ganará uno o dos balones de oro de más. Es agotador. Es el mejor jugador de fútbol de su tiempo.

Ningún entrenador podía ser Zidane

ZZEstamos en febrero de 2016. La escena define la situación. Zindedine Zidane, a sus 43 años, cuelga balones desde la banda derecha para que los jugadores a los que él entrena, empalmen a puerta sin oposición, llenándose de balón, de gol y del gozo que conlleva, aunque sea en un entrenamiento.

¡Hay que ver como pone esas pelotas el francés! Para empezar, el chandal le queda de anunció, y su gesto técnico aún posee esa mezcla de futbolista y bailarín de ballet que le definía cuando jugaba. Así, los jugadores del Real Madrid, esperan como niños su turno para romper el balón en la red, y de paso, la pena que arrastraban en los entrenamiento no hace tanto tiempo.

Escribo esto cuando los números del Madrid de zidane le han dado la razón al cambio que Florentino hizo a principios de año en el banquillo blanco, pero antes de que el Madrid gane un título, o los dos a los que aspira, o ninguno de los dos.

Zidane no tiene experiencia como entrenador. Pero eso no importa; eso se soluciona con los años. Sin embargo, tiene algo que ningún otro entrenador tendrá jamás, y es que es Zinedine Zidane. El Zidane entrenador sigue siendo mucho el Zidane futbolista, y entiende que para ganar partidos con semejantes talentos como los que maneja en su plantilla, ellos solo tienen que pasárselo bien entrenando, jugando, y que lo demás, vendrá por sí solo.

Zidane fue uno de los diez mejores jugadores de la Historia. Clase, esfuerzo, técnica, talento y papel decisivo en finales complicadas. Asombrosos sus dos goles de cabeza en la final del Mundial ante Brasil. Indefinible con ningún vocabulario su volea en Hampden Park, posiblemente, el gol más bello de la Historia, por su ejecución, su definición, su contexto e importancia.

Se cuenta que Benítez aburría a los futbolistas con continuos parones en los entrenamientos para corregir movimientos, jugadas y automatismos. Levantarse por la mañana para ir a entrenar se les hizo a los chicos tan cansino como al común de los mortales ir a la oficina. Nunca hay que dejar de lado que los futbolistas de élite son privilegiados, y como a privilegiados se les ha de tratar. Desde enero, tienen en la oficina a Zizou, campeón de todo, poniéndoles balones perfectos desde la banda. ¿Qué ha ganado con ello? Que mientras les siga tratando así en los entrenamientos, en los partidos se partirán el alma por lo que les pida que hagan, incluso si les pide que bajen a defender, que den tres pasos más en cada presión, que pasen el balón al compañero mejor colocado ante una ocasión de gol.

Sí, el Madrid ha mejorado y esa escena lo delata. El único problema a esta solución que se buscó a mitad de temporada, es que los jugadores, en los partidos, se esperen que los balones que llegan desde las bandas les lleguen tan bien puestos como en los entrenamientos.

Con estos entrenamientos y con los pocos partidos que le quedan al Madrid, no más de tres, el Madrid de ZZ llega optando a títulos que con Benítez no optó jamás.